EN MEMORIA DE ENRIQUE CERDAN TATO, EL COMPROMISO PARA EXPRESAR LA VIDA

enrique cerdan tato

 Intervención en el Homenaje a Enrique Cerdán Tato,

Auditorio de Comisiones Obreras de Alicante, 18 de enero de 2014

Quiero agradecer a la Coordinadora de Asociaciones por la Memoria Histórica de la Provincia de Alicante el honor y la oportunidad que me ofrece para reivindicar a Enrique Cerdán Tato, como intelectual comprometido con su tiempo, como novelista de gran calidad literaria, como activista político, como referente cívico y ético imprescindible. También como amigo inolvidable, con quien compartí larguísimas horas de conversación y de batalla. Momentos que estarán conmigo para siempre.

FOTO DE ARJONES

Y he dicho que quiero reivindicarlo, porque Enrique siempre fue un personaje incómodo para los inquilinos del Poder, con esa incomodidad que provocan los intelectuales auténticos, independientes, coherentes con sus ideas, éticos, fieles a sus valores por encima de las componendas y las conveniencias coyunturales; conscientes de que deben desempeñar un papel destacado en el progreso de la sociedad. Y hablo del auténtico progreso, ese que depende de la verdad.

Enrique fue muchas veces un personaje incómodo porque siempre fue verdadero; porque no se dejó arrastrar por los cantos de sirena que, de vez en cuando, llamaban a su puerta para ofrecerle cargos y oportunidades que él siempre rechazaba sin dejarse tentar; con ese sentido de humor, socarrón e individualista, solo perceptible para las personas inteligentes.

FOTO DE ALICANTE VIVO EN LA PLAZA 25 DE MAYO

Enrique Cerdán Tato fue el último de una generación de gigantes, y perteneció a ella desde Alicante, una ciudad alejada de los grandes centros del poder cultural y político. ¡Qué rara avis y cuánta soledad en el largo camino! Así lo manifestó en una dedicatoria que me escribió en una de sus novelas: “A Mariano, amigo de ley, compañero en esta amarga y hermosa aventura de la información y la narrativa”.

Voy a empezar por el final. A pesar de sus méritos acumulados durante más de medio siglo, de sus premios, de sus libros, de su gran nivel intelectual reconocido en universidades internacionales, en foros políticos y literarios… durante las dos últimas décadas, Enrique fue condenado, de facto, a un ostracismo vergonzante; fue ninguneado por los monosabios de la cosa local mientras se cernían a su alrededor algunos silencios cómplices muy significativos.

Fallece a los 83 años el periodista, escritor e historiador Enrique Cerdán Tato

periodico la verdad

¡Qué ciudad la nuestra! A pesar de que hoy es Hijo Predilecto de Alicante, por iniciativa del grupo municipal socialista, durante los últimos 19 años, el Cronista Oficial de Alicante fue ignorado de los foros oficiales. Desde el primer momento, el ayuntamiento gobernado por el PP trató de destruirlo, de borrar su figura del mapa social. Así de simple. En cuanto Díaz Alperi alcanzó la alcaldía, su concejal de Cultura, Pedro Romero, se lanzó contra él. Primero, trató de despojarlo del título de Cronista Oficial, a pesar de ser un cargo honorario y vitalicio. Escritores, profesores, artistas plásticos y periodistas tuvimos que denunciar públicamente aquella maniobra. Aunque los medios no nos hicieron demasiado caso, los alicantinos se enteraron de lo que estaba pasando.

http://elpais.com/diario/2001/02/02/cvalenciana/981145105_850215.html

Luego, al no conseguir su propósito, el concejal citado se inventó un denominado “cronista municipal de Alicante”, afín y con sueldo de asesor, para que su figura solapara al Cronista Oficial Enrique Cerdán Tato, ese rojo. Varias personas, con mayor o menor fortuna, pasaron y cobraron de ese cargo hecho a medida contra Enrique. Ninguno pudo eclipsarlo. Los odios de clase a veces son muy malos.

En aquel momento de triunfo popular, ningún medio de comunicación local levantó la voz para defender la figura del Cronista Oficial. Eso sí, publicaron alguna nota en página par, una gacetilla, algún breve… Y en cuanto amainó la pequeña tormenta, no faltó quien abrió generosamente sus páginas al “Cronista de Alicante” de turno, para tratar asuntos tan acuciantes como la Santa Faz.

cervantes i tato

¡Ay, la Santa Faz! No había asunto de nuestra tierra que Enrique no tratara, y sobre la Santa Faz también escribió en ocasiones, pero con una mirada muy distinta de la usual. Guardo una publicación denominada Páginas del Cronista, editada por nuestro ayuntamiento en tiempos de Lassaletta, en 1980, donde Enrique escribió un opúsculo titulado La otra cara de la Santa Faz, en el que nuestro autor, según sus propias palabras, solo pretendía “esclarecer, en la medida de lo posible, aspectos un tanto confusos y opacos de nuestro acervo cultural y social”. Ay, Enrique, un marxista hablando de supuestos lienzos milagrosos a través de capítulos titulados: “Un enigma de cine, sudor y albayalde”, “Inquietantes sospechas del Deán Martí”, “De la imprecisa llegada del venerado lienzo”… Cuánta ironía.

Con estos mimbres, a nadie le sorprende que en una ocasión, cuando Enrique, como presidente del Patronato de San Nicolás (una entidad cultural en defensa del Patrimonio artístico alicantino) iba a dar un discurso dentro de la Concatedral,  el obispo de Alicante le negara la entrada oficial al recinto. “Ese ateo no dará un discurso aquí mientras yo sea obispo”, advirtió a los suyos. Y Enrique ofreció su disertación fuera, en la fachada de San Nicolás, debajo de donde se dice que por allí predicó San Vicente Ferrer.

http://petreraldia.com/reportajes/cerdan-tato-%E2%80%9Cla-libertad-y-la-democracia-son-una-conquista-continua-se-conquistan-cada-manana%E2%80%9D.html

Pero volvamos al Partido Popular en Alicante. Y perdonen el inciso eclesiástico. Cuando en 1995, el PP ganó las elecciones municipales, Luis Díaz Alperi (que conocía a Enrique desde los viejos tiempos en que el sobrino de Agatángelo estaba en UCD y Enrique en el PCE), no podía tener cerca a un testigo tan cualificado. Por lo tanto, había que neutralizarle. Vano intento. Enrique era de los que vivían de pie, dando la cara siempre. En el 2001, se creó el Foro por Alicante, una plataforma de izquierdas para oponerse, principalmente, a la construcción de un palacio de Congresos en el Benacantil (en veinte días se recogieron 19.000 firmas) y a los ataques de Eduardo Zaplana contra la Universidad de Alicante. Como portavoz del Foro, Enrique lo dejó muy claro en la primera rueda de prensa: “El Foro por Alicante –dijo- se abre a los partidos progresistas, sindicatos y asociaciones. No queremos que en el Foro ningún partido sea dominante, pero esperamos contar con todas las fuerzas progresistas para sumar esfuerzos y velar por los intereses de la ciudad”. Él tenía claro que era patrimonio de toda la ciudad y actuaba en consecuencia.

Nuestro Cronista Oficial también había tenido sus más y sus menos con los anteriores alcaldes. Sus relaciones con José Luis Lassaletta, el mejor alcalde democrático que ha tenido esta ciudad, terminaron por enfriarse, ante la persistencia de que Enrique le escribiera una Crónica de Alicante bajo su supervisión. Enrique era libre cuando escribía y recuerdo que me comentó el asunto con ironía y con afecto: “Pepe quiere que le escriba ‘su’ Crónica de Alicante”.

Con el siguiente edil, un abogado madrileño desconocedor de lo que Enrique significaba, hubo un pequeño malentendido cuando, desde la alcaldía, se cuestionó “la actividad” que debía realizar el Cronista. También trató de que trabajara para él. Sin éxito.

http://bacoresdecanto.blogspot.com.es/2008/12/el-gotero-enrique-cerdn-tato.html

Después de que le concedieran el Premio de Honor de las Letras Valencianas, en 1991, el entonces presidente de la Generalitat, Joan Lerma, le llamó para ofrecerle un cargo relevante en el Consell. Entre sonrisas, Enrique me contó cómo se lo agradeció muchísimo pero lo rechazó ipso facto, porque él no estaba para esos trajines. Lo suyo no era el clientelismo, ni vender su alma a un partido concreto. Él se consideraba y era, repito, un patrimonio de toda la izquierda alicantina, de toda la ciudad. El propio Lerma lo tuvo claro cuando, años después, escribió certero: “Enrique Cerdán Tato ha hecho de la libertad creativa el valor fundamental de su existencia”.

Durante toda su vida, Enrique fue un escritor de acción, un activista cívico y cultural que iba por libre sin importarle las consecuencias. En 1995, por ejemplo, encabezó una Comisión de Hombres y Mujeres de Letras y Cabreados, compuesta por escritores y profesores principalmente, para pedir a la Diputación, presidida entonces por Antonio Mira-Perceval, que rompiera el acuerdo con Planeta para que el premio Azorín de novela siguiera siendo un premio transparente y limpio, ya que el primer galardonado de la nueva temporada, una novela de menos de 80 páginas de Torrente Ballester, había sido “un tongo absoluto”.

En la rueda de prensa a la que asistimos junto a él, Luis Bonmatí, Juan Antonio Ríos Carratalá y un servidor, Enrique se despachó con su estilo: “El nuevo premio Azorín es dañino, pernicioso, perverso para las ilusiones que hemos puesto en la cultura escrita de la provincia. El traspaso del Premio Azorín de literatura a la editorial Planeta fue un crimen cultural. Esta decisión fue tomada con una actitud provinciana, de derrota de nuestros representantes provinciales”.

Aquel mismo año, el Bloc de Progrés Jaume I, plataforma cívica creada por Acció Cultural del País Valencià (de la que Enrique era socio), puso en marcha un conjunto de actos culturales y movilizaciones unitarias para defender las conquistas democráticas del País Valenciano ante la inminente entrada del PP, con Eduardo Zaplana, en la Generalitat. Enrique Cerdán Tato y Enric Valor fueron las grandes figuras que encabezaron las movilizaciones en todo el País Valenciano, y que hicieron el llamamiento contra la futura política destructora del PP. Ya hemos visto, diecinueve años después, en qué ha quedado. Cuánta razón teníamos para temer lo peor. Hagan balance.  En aquel 1995, el pujante Eduardo Zaplana, que le conocía desde tiempo atrás, trató de presionarlo para que no se metiera con él. No hubo manera. Enrique fue el referente fundamental para que aquella manifestación “Alacant és important”, del 11 de marzo de 1995, fuera masiva en nuestra ciudad. No sé si lo recuerdan, pero Enrique Cerdán Tato estaba allí, en primera fila de pancarta, despachándose a diestro y siniestro, y ya ven cómo el PP nos ha dejado hechos unos zorros.

EL COMPROMISO DE EXPRESAR LA VIDA

El temps

¿Dónde está el alma de tanta rebeldía? ¿No le hubiera ido mejor a Enrique acercarse al pesebre discretamente, como tantos otros? En el fondo de su alma, estaba su compromiso con las ideas, con la República, con la Memoria histórica, con la verdad. Porque Enrique era un personaje demasiado libre, influyente, sincero e imprevisible para los que creen que lo pueden comprar todo y que todo tiene un precio. 

Por encima de cualquier coyuntura, Enrique fue siempre leal a sí mismo y a sus convicciones forjadas desde finales de los años 50, cuando en la treintena tomó una decisión que él mismo explicó en conferencia titulada La estética en el escritor alicantino, pronunciada en Valencia el 7 de diciembre de 1991:

“Cuando eché el cierre a la década de los 50, tuve la impresión de que dejaba atrás todo un mundo que ahora la memoria me devuelve no tan chato ni tan insípido como se me figuraba. Había rendido un prolijo, penoso, disciplinado y feraz aprendizaje. Y fue justamente por entonces cuando levanté la mirada por encima del recogido horizonte y descubrí, con asombro, la vida. Y con la vida, el compromiso de expresarla”.

Enrique expresó su compromiso con la vida. Lo hizo desde la literatura, desde el periodismo y desde la política; sin abandonar las calles de su ciudad, sobre la que escribió miles de páginas. Siempre reivindicó “la lucha por un futuro más transitable, la vida como conocimiento…” Su tránsito personal es todo un ejemplo de su honradez y coherencia. Antes de dar el gran salto, tras cumplir los veinte años, había formado parte de lo que él llamaba “la generación del horror”. Así lo relató el propio Enrique en la conferencia citada: “Era por entonces ingenuo, curioso y algo impertinente… Y con muchas preguntas por delante”.

Y relata: “Abandoné el fecundo retiro y me llevaron a la fiesta del american bar del ya desaparecido y añorado hotel Samper, junto a los de mi misma especie: una patulea de hiperbóreos armados de Beckett, de Camus, de Huxley, de Saroyan, de Fitzgerald. Estudiantes de derecho, de periodismo, de económicas, de agronomía, de medicina y hasta un play boy, nos reuníamos allí para leer y comentar escenas de teatro clásico y de O’Neil y Arthur Miller… Aquel grupo de jóvenes escritores, inquietos y crispados, alarmó al resto de la clientela del establecimiento que termino bautizándonos como “la generación del horror”. Estaban entre otros varios, Ernesto Contreras, Gonzalo Fortea, Eduardo Trives y Pepe Bauzá”.

Fue precisamente Bauzá, en el prólogo de la antología de relatos Narradores alicantinos de 1954, editado en Barcelona en 1975, quien escribió: “El grupo estaba viviendo demasiado ardorosamente y el fuego de su propio espíritu lo estaba abrasando. Las más violentas escenas no tardaron en producirse”. Para concluir: “En cuanto las primeras olas del turismo internacional alcanzaron Alicante, el viejo edificio del Hotel Samper fue vendido y demolido. El martillo neumático destruyó para siempre la cuna y escenario de la generación del horror”.

Y Enrique Cerdán Tato despertó a su compromiso militante con la vida.

A partir de entonces, los méritos de Enrique, conseguidos fuera del ámbito local, y su independencia, provocó la desconfianza de quienes en cada momento detentaron el poder cultural y político en Alicante desde la segunda mitad del siglo XX, con sus cajas de ahorros y sus ensoñaciones culturales “surestistas”. Cito algunos de sus méritos literarios: Premio Gabriel Miró en 1957, Guipúzcoa de Novela en 1960, Sésamo en 1970, Premio de la Crítica Literaria Valenciana en 1985, Premio de Honor de las Letras Valenciana en 1991 por toda su obra…

Su densa y compleja producción literaria ha sido publicada en editoriales prestigiosas como Alfaguara, Cátedra, Laia, y en publicaciones literarias relevantes como Papeles de Son Armadans, Cuadernos Hispanoamericanos o La Estafeta literaria… La crítica le fue propicia en revistas de referencia como Insula, Unidad, La Estafeta ya citada, el diario Pueblo. Su obra es estudiada en importantes antologías literarias sobre la novela y el cuento español desde la postguerra; ha sido objeto de tesis doctorales… Y todo lo escribió desde Alicante, en tiempos de aislamiento provinciano y difusión difícil, lejos de los centros de producción y dirección de la Cultura, de Madrid o Barcelona, donde se cortaba todo el bacalao. Siempre inquieto, Enrique se relacionó personalmente con los mayores escritores de su época, fue amigo de muchos de ellos. De Camilo José Cela, de Blas de Otero, de Jesús Fernández Santos, de Concha Lagos, de Gerardo Diego… También con los de la mía. Cuando a alguno, como a Juan Madrid, le digo que sigo viviendo en Alicante, me pregunta: “Allí sigue Cerdán Tato, ¿verdad?”.

UNA GRAN HERENCIA PARA TODOS NOSOTROS

 https://marianoss.files.wordpress.com/2014/01/9c2ef-imgp9301-copia.jpg

Junto a la creación literaria, está también el periodismo, inseparables como la carne del hueso. Periodismo y literatura, los dos ejes de su vida, su gran herencia para todos nosotros.

Como periodista, Enrique tiene miles de páginas escritas, y en la mayoría de ellas, directa o indirectamente, está Alicante. Sus textos periodísticos se dispersan en publicaciones como Primera Página, Información, La Verdad, Cambio 16, El País, El Periódico de Catalunya (del que fue corresponsal en el PV), Valencia Semanal… Fue fundador en 1979 y primer presidente de la Unió de Periodistes del País Valencià. Ha recibido premios importantes: Premio Libertad de Expresión, el premio Maisonnave…

Quien quiera leer sus aportaciones al periodismo y la literatura puede entrar en la página de autor que abierta en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com/bib/bib_autor/cerdan/) de la Universidad de Alicante. Leerle es gratis y gratificante gracias a su generosidad. Allí están todas sus “gateras”, sus novelas extraordinarias, sus volúmenes de relatos, su Antología de la aberración, su Estudio de la literatura Soviética, su Lucha por la Democracia en la provincia de Alicante, escrita en caliente en 1977. A un escritor de la categoría de Enrique Cerdán Tato, el mejor homenaje que se le puede hacer es leerlo y descubrir su alma.

Y en cuanto a la política. Dos pinceladas. En 1964, mientras otros futuros demócratas sinceros todavía cantaban con ahínco el Cara al sol, Enrique se afilió al clandestino Partido Comunista de España, durante la época más peligrosa de la clandestinidad. Desde entonces, fue dos veces encarcelado, procesamientos, seis detenciones, multas, retirada del pasaporte durante años… Como activista político, fue fundador de la Junta Democrática en la provincia de Alicante en 1974 y vicepresidente de la Junta Democrática del País Valenciano, No voy a hablar de las publicaciones internacionales, de su relación militante con Palestina, con la Asociación de Amigos del Sahara; de sus reconocimientos en universidades norteamericanas y europeas.

Desde su despertar al compromiso político antifascista, Enrique fue, por convicción, un republicano coherente y contundente. No lo voy a decir yo.

En el libro 89 Republicanos y el rey, escrito por Ramón Serrano y publicado por Plaza y Janés en 1989, Enrique Cerdán Tato hace suyas las palabras de Sánchez Guerra: “la realidad tiene más fuerza que la realeza”, y afirma: “Razonablemente, el acceso a la Jefatura del estado tiene que producirse, de acuerdo con los pertinentes fundamentos constitucionales, mediante elecciones. Lo que, en la práctica, supone una reformulación del viejo dilema monarquía o república, planteado en varias ocasiones a lo largo de nuestra historia contemporánea, pero enfocado en esta desde unos presupuestos más amplios, esclarecidos y libres.”

“La República ofrece al conjunto de la ciudadanía la posibilidad de una mayor participación social en los asuntos de país y la garantía de que el presidente de la misma está sujeto a responsabilidades en el ejercicio de sus funciones, y consecuentemente al imperio de la ley: puede ser depuesto de su cargo.”

“El dilema monarquía-república debería de haberse resuelto mediante una consulta popular. Las condiciones en que se desenvolvió la transición política –una vez desestimada la llamada ruptura democrática-, a través de pactos, negociaciones y consensos, hacían prácticamente inviable la deseada y conveniente celebración de un referéndum. En mi criterio, las fuerzas políticas de la oposición, y en especial las de clara tendencia republicana,  sí tenían la obligación de llevarla adelante”

“El referéndum que permita a los ciudadanos elegir la forma de gobierno y decidirse libremente por la república o la monarquía es imperativo. No se deben perpetuar las decisiones del general Franco (…). Ahora ya se dan las condiciones exigidas para la realización de un referéndum”.

Les recuerdo que estas declaraciones fueron publicadas en 1998. Hace quince años. Y leerlo ahora, cuando la monarquía que nos dejó Franco vive sus horas más bajas, tiene una vigencia total, una profundidad emocionante.

Enrique hubiera sido un parlamentario excepcional si su partido no hubiera decidido colocarle como número uno a una candidata cunera, ya fallecida, que con el tiempo se uniría al coro de Felipe González. Creo que pudo haber sido, incluso, un gran cronista parlamentario superior a Azorín o  a Carandell. Pero el destino no lo quiso así.

La vida está en deuda con Enrique Cerdán Tato. Porque luchó y vivió intensamente, como pocas personas a las que he conocido. A lo largo de su vida mantuvo, a veces, una relación tomentosa con la realidad. Pero tuvo la suerte de contar, a su lado, con una persona como Mariluz, que le mantuvo en momentos críticos con los pies en el suelo, aunque su cabeza flotara con la grandeza de los artistas. La obra de Enrique está aquí, más allá de la muerte. Insisto: léanla.

Para mí, siempre fue un amigo, un colega. La literatura, el periodismo y el activismo político cimentaron nuestra relación durante décadas. Fue y sigue siendo un referente intelectual y un ejemplo de compromiso con Alicante, con nuestra ciudad, con los ideales republicanos por los que luchó hasta el día de su fallecimiento. Además, mientras yo estaba en Madrid, él me hizo sentir el orgullo de pertenecer a esta tierra.

Era tan brillante, tan intenso, que lo incluí como personaje en mi libro Alacant Blues, para poder escribir una historia que me había relatado un día, mientras paseábamos. Voy a leerles un pequeño fragmento:

 

Se acomodaron junto a Gastón, frente a los puestos de flores y las mesas de una terraza llena de parroquianos. El Cronista miró a Terratreèmol y comenzó su relato:

–Muchas veces los cambios planean sobre la vieja ciudad y caen sobre ella impuestos por una fuerza desconocida, superior, inevitable. El ciudadano ve, impotente, cómo su calle, su barrio, los lugares en los que nació y cre­ció, se transforman inexorablemente sin que él pueda opinar, influir o tener alguna intervención en el rumbo de los acontecimientos. Te doy esta idea para que la escribas.

–Sólo soy detective. Yo husmeo en la realidad, tú la escribes.

–De todos modos, toma nota –concluyó el Cronista, con cierta inquietud–: Una mañana cualquiera, el paseante sale de su casa con la intención de recorrer su ciudad, pero al pisar la calle descubre de golpe que se encuentra en una ciudad dis­tinta, nueva, irreconocible. ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué ha pasado con Alicante? Ayer era la ciudad de siempre, amable, adusta, la casa de la primavera. De repente, el paseante, en cuanto mira hacia el cielo comprende la verdad: durante la noche, las nuevas construcciones habían descendido desde las alturas y se habían enfundado en la ciudad anterior hasta convertirla en un lugar desconocido, sin memoria, con el que resultaba imposible identificarse.

–Cambios caídos del cielo –concluyó Terratrèmol–. ¿Y colorín colorado…?

–Tengo que irme –Enrique se puso en pie–. No estoy para nostalgias como tú.

 

Deseo acabar este encuentro con Enrique, leyéndoles la última y enigmática frase de su libro Alicante. La ciudad contada a los niños, publicado en 1990: “El final no es más que un sorprendente principio”.

Le quise mucho y fue muy importante en mi vida. Me cuesta creer que ya no está entre nosotros. La ciudad se ha quedado más pequeña sin su presencia.

Muchas gracias.

MARIANO SÁNCHEZ SOLER

Alacant, 18 de enero de 2014.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s